Reseña: El nombre del mundo es bosque, Ursula K. Le Guin
Título original: The Word for World is Forest
Editorial: Minotauro (1998)
Sinopsis:
Dentro de la gran tradición literaria de las utopías y anti-utopías que se inicia en el siglo XVII, El nombre del mundo es bosque descubre un universo dinámico y en equilibrio que se mantiene en el tiempo de acuerdo con leyes propias que no admiten la intromisión del hombre. En el planeta Athshe, el ciclo de la vida, la cultura, las costumbres y los modos mentales nacen y se desarrollan en la estabilidad autónoma del cosmos, pero la llegada de una expedición terrestre cambiará el pacífico modo de vida de los nativos del planeta. Este libro fue galardonado con el premio Hugo en 1973.
El capitán Don Davidson reside en el Campamento Smith y se autodefine como un "domador de mundos". Fuerte, terco, vil y machista, Davidson nos acerca a los creechis a través de la descripción que da de su sirviente Ben: un ser de un metro de altura, poco inteligente, que obedece ciegamente sus órdenes, que jamás duerme y que se pasa horas con la vista clavada en el vacío. Sin embargo, su soberbia y el desprecio que Davidson siente por los nativos del planeta Athshe (el nombre que sus pobladores originarios le otorgaron a Nueva Tahití) le impide ver la verdadera naturaleza de los athshianos, una cultura que vive en dos tiempos, el tiempo-mundo y el tiempo-sueño, en la que los hombres no son tierra y polvo, sino rama y raíces; y que cuando Ben, su esclavo, se queda quieto contemplando la nada, en realidad se encuentra soñando despierto.
La novela es el crudo retrato de cualquier colonización: la violencia con la que el más fuerte domina al más débil, el avasallamiento y el desprecio de su cultura que, naturalmente, se basa en los intereses que los movilizan. Los españoles saquearon los tesoros de América; los seres humanos arrasan los bosques de Athshe y dejan en el planeta una nueva palabra: el sustantivo "desierto", que no existe en el vocabulario de los creechis. Ni uno ni otro llegaron/llegan al territorio colonizado en busca de la sabiduría de los pueblos originarios, ni para investigar su cultura. El choque entre civilizaciones, tema recurrente en la obra leguiniana, es, entonces, irremediablemente, de una violencia genocida. Los bosques de Athshe son reducidos a madera y aserrín, y los nativos son obligados a trabajar en los campamentos bajo el irrisorio nombre de Cuerpo Voluntario de Mano de Obra Autóctona, sometidos a un biorritmo que desarticula su capacidad de soñar.
Don Davidson es la encarnación del colonizador cruel que no ve más allá de sí mismo y los intereses de su bando. Sin embargo, existe entre los yumenos (como los nativos de Athshe llamaron a los terrícolas) un hombre que se acercará a la cultura de los athshianos e intentará comprenderlos: Raj Lyubov, un científico que estudia el comportamiento de los creechis, sus sueños y su sociedad en la que gobiernan las mujeres.
La novela está narrada en tercera persona desde las perspectivas de Davidson, Lyubov y el nativo Selver, un athshiano que comandará los ataques a los campamentos yumenos. Entre estos tres personajes (a los que se amoldan las voces de los narradores; grosera cuando el narrador se posiciona sobre Davidson; más espiritual en el caso de Selver) existe una fuerte tensión que se originó antes de que comenzaran los hechos narrados en la novela: Davidson violó y mató a la esposa de Selver, y luego el nativo lo atacó en busca de venganza. Lyubov (a quien Davidson, en su machismo, desprecia llamándolo "marica" y "afeminado") intervino en la pelea, salvó a Selver y solicitó que el creechi se quedara a su lado como informador etnológico.
De esta forma, ante la terrible violencia del colonizador, el colonizado se ve obligado a traicionar sus principios y responder con violencia. Selver, junto con Ben y otros dos creechis, incencian el Campamento Smith y a sus doscientos seres humanos. Pero ese no será el final de la matanza, porque los yumenos acuerdan no atacar a los nativos, pero, paradójicamente y consdierándose superiores, no les comunican a ellos su decisión. Finalmente, se acuerda la paz entre ambas razas y solo el tiempo dirá si el trato permanece inviolable. Sin embargo, el camino hacia la paz ha quedado repleto de muertos y junto a los cadáveres también reposan la inocencia y la simplicidad de todo un planeta.
El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin, es una novela corta de apenas 150 páginas, que, si bien puede tomarse como moralizante, no se debe olvidar que fue escrita en un contexto histórico bastante peculiar: la Guerra de Vietnam. Aunque mucha gente tomaría como exagerado el pacifismo de los nativos de Athshe, hay que tener en cuenta que esta exageración (a falta de otra palabra) es un muy buen recurso para que centremos nuestra atención en los aspectos que la obra no desea que se nos pasen desapercibidos.
LA AUTORA
Ursula Kroeber Le Guin (Berkeley, California, 21 de octubre de 1929
) es una escritora estadounidense. Ha publicado obras dentro de numerosos géneros, principalmente ciencia ficción y fantasía, aunque también ha escrito poesía, libros infantiles y ensayos, e incluso ha traducido obras de otros autores desde el chino y el español al inglés.
Sin embargo, Le Guin debe su fama al numeroso caudal de libros y cuentos de ciencia ficción y fantasía publicados a lo largo de su dilatada carrera y ha sido galardonada con varios premios Hugo y Nébula. Fue la primera mujer galardonada con el título de Gran Maestra por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasíade Estados Unidos (SFWA). Se considera a si misma como una mujer feminista y taoísta y en sus novelas aparecen a menudo ideas anarquistas.









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